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Diario YA


 

“Lo que realmente cuenta es lo que aprendes después de que lo sabes todo”. John Wooden, entrenador de baseball.

Trump fascista y, Podemos y nacionalistas, ¿qué son?

Miguel Massanet Bosch. Cuando un periódico, en teoría tenido por ecuánime, sensato y objetivo, dedica, desde que el señor Trump fue elegido, sistemáticamente y con rara persistencia la mitad de su información diaria a hablar de Donald Trump en la mayoría de sus artículos y colaboraciones y, en ninguna de ellas para favorecerlo sino para lanzar toda la caballería izquierdista y separatista contra el mandatario americano, para intentar descalificar a los millones de americanos que, democráticamente, decidieron votarle para ocupar el cargo de presidente de su nación; es el momento en el que empezamos a dudar de las verdaderas intenciones que se esconden detrás de una campaña de acoso y derribo de la intensidad, mala fe, parcialidad y evidente intención política de descalificarlo y negarle la capacidad para hacer frente a los desafíos a los que, indudablemente, va a tener que enfrentarse, aun cuando, estos reproches se formulan cuando ,todavía, no ha sido nombrado oficialmente para suceder al señor Obama (que tampoco ha dejado de hacer campaña en contra de él, a pesar de que, la campaña para las elecciones, ya hace tiempo que debió de haber acabado).

Y es que, señores, el diario del grupo Godó, además de cobrarnos por un periódico en el que la mitad de las páginas está ocupadas por anuncios y publicidad, se ha convertido en el verdadero líder de lo que podríamos calificar como: un apoyo incondicional al proceso soberanista, aceptando publicar toda la basura independentista de la que muchos de sus colaboradores y periodistas de la casa se valen, para justificar las salidas de tono de los dirigentes secesionistas, intentar captar más soberanistas para la causa o para verter sin el menor rubor una serie de inexactitudes, de intentos de desacreditar al resto de españoles, de utilización malévola de argumentos carentes de base o para sacar a relucir supuestas injusticias, con las que pretenden justificar su campaña para conseguir la independencia de España o de cargarles las culpas de la situación terminal en la que se encuentra este absurdo proceso que han emprendido, al gobierno central y al resto de españoles, negándose a reconocer que quienes han sido los que han creado esta situación insostenible han sido ellos mismos al no haber sabido valorar las consecuencias de enfrentarse a la Constitución española y a sus defensores.

Nos hubiera gustado que este periódico catalán hubiera hablado más de lo que le espera a Cataluña si la señor Colau y sus seguidores, como vienen intentando, buscan avanzar en la revolución comunista que están organizando, buscando apoyo en el resto de partidos extremistas de Cataluña y tanteando a otros muy cercanos a los separatistas, como son los anarquistas de la CUP, para buscar llegar a acuerdos con ellos para que el señor Puigdemont y compañía llegue un momento en el que se vea obligado, por la ingobernabilidad de Cataluña, a tener que convocar nuevas elecciones lo que, según los estudios estadísticos conocidos les daría una gran ventaja a los de ERC ya los señores de la franquicia de Podemos que, al parecer, lo que buscan es crear su propio partido en el suelo catalán, presidido, naturalmente, por la propia Ada Colau. Para estos defensores de una Cataluña libre y separada de España que ¡cuidado! Han conseguido convencer a los fanáticos que se han dejado convencer con sus argumentos de que esto de que no vayan a ser admitidos en la UE es una filfa y que ¿cómo se puede pensar que una nación tan importante como es la catalana pueda quedar excluida de la UE?

Sencillamente, como le va a ocurrir a la todo poderosa GB, una nación de gran prestigio y con un gran peso económico dentro de la comunidad europea que, no obstante, al no haber querido aceptar las normas que se dieron sobre acogida de inmigrantes, decidió, unilateralmente, renunciar a los beneficios que le otorgaban el pertenecer al club europeo. Un caso como el de Escocia, una parte sumamente importante de la GB, fracasó en su busca de la independencia del RU a causa de que, las consecuencias económicas que se preveían si se hubiera llegado a la ruptura con el resto de partes del país y su exclusión automática de la UE, fueron más influyentes, en las intenciones de voto de la mayoría de ciudadanos escoceses, que sus deseos de ser un reino independiente, dentro de la gran isla británica.

Y un añadido al respeto: Escocia, a diferencia de Cataluña, sí que tuvo épocas de su historia en la que fueron una nación independiente (1371 a 1603), bajo la dinastía de los Estuardo; algo que, a pesar de los intentos de inventarse una nación propia, no han conseguido probar los catalanes, que no pasaron de ser un simple condado del reino de Aragón y ¡ahí les duele! Resulta, por lo menos, ilógico y demostrativo de lo que puede suponer el anteponer a la razón y la lógica, anhelos meramente sentimentaloides, aspiraciones utópicas y rencores injustificados; cuando vemos que, periodistas con muchos años en la profesión, se dejan arrastrar, no sabemos si por imposición de los directivos, por amor a la “pela” o porque les salga de su propio interior, a colaborar en poner de chupa de dómine al señor Trump, que no les ha hecho nada y, sin embargo, no sean capaces de advertir a los catalanes de las verdaderas consecuencias que para ellos tendría el quedar fuera de la UE, aunque fuera, en el mejor de los casos y siempre que ninguna nación de la CE se opusiese, entre ellas España, algo que sería lo más probable como es el caso de naciones como Francia y Alemania, que serían las primeras interesadas en impedir que tales veleidades enraizaran en la CE.

Ya sin hablar de la posible pérdida del comercio con el resto de España que, si no estamos equivocados, se calcula en el 60% de las ventad de la comunidad catalana o de los aranceles y demás tributos fronterizos a los que se deberían enfrentar las industrias radicadas en la nueva nación catalana, si es que quisieran comerciar con otras naciones, no sólo con las europeas, sino con las del resto de mundo sujetas a las reglas establecidas por la comunidad internacional sobre estos casos.

Es posible que, siguen convencidos de la necesidad de que, Cataluña, sea una nación distinta de España; no tengan la percepción clara ( algo que, los ciudadanos de a pie que queremos ser siguiendo españoles, tenemos perfectamente asumido y, por ello, pedidos al Gobierno que tome las medidas adecuadas para evitarlo) de que Cataluña es mayoritariamente de izquierdas y que, en el inimaginable caso de que llegaran a conseguir lo que piden, sin duda alguna, quienes ostentarían el poder en la nueva nación salida de la escisión de España, serían los comunistas que, aprovecharían, la mayoría que las izquierdas tienen entre los catalanes, para hacer valer su experiencia para asumir el poder. Las consecuencias no es necesario explicarlas, porque basta que se mire hacia las naciones hispanoamericanas que gozan de regímenes como el que defienden los de Podemos o la CUP para que tengan una idea lo suficientemente explícita de en lo que se convertiría la “nación catalana” al poco tiempo que estuvieran bajo la presión de los comunistas bolivarianos que nos llegaron muy bien entrenados desde la Venezuela del señor Maduro

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, debemos reconocer que no dejamos de admirarnos de como, personas generalmente informadas, como señores que forman parte de la nómina de importantes rotativos o como ciudadanos catalanes de las élites del comercio, la industria, las letras, el funcionariado, la docencia o las profesiones liberales, en otros aspectos tan sesudos y sensatos, hacen el ridículo cuando se manifiestan, públicamente, sobre las supuestas reivindicaciones que los mantienen apartados del resto de los españoles. Pero, como es sabido y como nos explicó Friedrich Nietzsche: “Los fanáticos son pintorescos, la humanidad prefiere ver gestos que escuchar razones”.

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