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Editorial, lunes 14 de julio de 2008

Vergüenza y escarnio 

El próximo dos de agosto, si nadie lo remedia, saldrá a la calle el asesino etarra Ignacio De Juana Chaos. Esa es la fecha en la que la Justicia ha entendido razonable que deje de estar en prisión. Después de haber segado 25 vidas humanas, y destrozado 25 familias por lo menos, De Juana se ha esforzado en demostrar a la sociedad que no se arrepiente en absoluto de sus crímenes, y que probablemente volvería a cometerlos si pudiera. Es, como bien se ve, un asesino por vocación y por convicción.
 
Si ya es lamentable y muy vergonzoso que este elemento salga en libertad dentro de dos semanas cuando las penas por sus horribles matanzas ascendían a más de 3.000 años de cárcel, aún lo es mucho más que se le permita vivir en una calle donde habitan varios familiares de víctimas de ETA. A la terrible injusticia que supone dar la oportunidad de integrarse en la sociedad a quien ha demostrado sobradamente no poder ni querer convivir con nadie, se suma ahora el escarnio, el insulto que supone para un familiar de una víctima del terrorismo tener que aguantar como vecino a este personaje siniestro.
 
Desgraciadamente, ya hemos comprobado muchas veces que, en España, tenemos que ser los propios ciudadanos quienes nos movamos para proteger nuestros derechos. Todo lo que dejemos en manos de los políticos, sobre todo en materia de libertades, es cómo tirarlo a un pozo sin fondo. Por eso, las asociaciones de víctimas, como la AVT o Dignidad y Justicia, tienen que seguir peleando para conseguir que los dos grandes partidos reaccionen a este tipo de barbaridades, las impidan o las corrijan.
 
No es moralmente admisible que un asesino que ha matado a 25 personas, y que no hace mucho se permitió el lujo de chantajear al Estado Español con un simulacro de huelga de hambre burdamente escenificada, sea ahora el vecino que se encuentren por la calle, en la panadería o en el autobús personas que han visto cómo la banda mafiosa ETA les destrozaba la vida con una bomba o con un tiro en la sien. No podemos tolerar que la Justicia se envilezca con decisiones tan terriblemente equivocadas.
 
Este periódico, que se declara incondicionalmente al lado de todas las víctimas del terrorismo, quiere servir de foro, de altavoz o de ágora donde clamen las voces que otros quieren ahogar en el silencio. Allí donde exista una injusticia como ésta, acudirá DiarioYa.es para denunciarlo, para exigir que haya Justicia, para consolar a los perseguidos por el terror. Que la Gracia de Dios Padre haga que nunca más tengamos que presenciar ni contar hechos tan desgraciados.

 

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